• Cómo trabajamos y quiénes somos

    Cómo trabajamos y quiénes somos

    6 de Junio de 2018


    La Calidad y Mejora Continua, son dos máximas que nos ha llevado a Calderería Aizkorri, S.L. a lograr nuestro hueco en el mercado y a evolucionar de forma constante ampliando paulatinamente nuestra cartera de servicios y clientes.

    Disponemos de un sistema de gestión de la calidad conforme a la norma ISO 9001 certificado por AENOR para:

    • ​La producción de piezas de calderería media y ligera
    • ​Corte láser de chapas de un espesor máximo de 20 mm y
      dimensiones 6000 x 3000 mm

    La efectividad y perseverancia diaria en el trabajo, junto con la labor de un personal altamente cualificado, han convertido a Calderería Aizkorri, S.L. en un referente en el sector.

    Con más de 40 años de experiencia seguimos actualmente trabajando para ofrecerles un servicio integral en fabricación y montaje de calderería, corte láser de precisión y mantenimiento industrial.

  • 100 años enmarcando la bahía

    100 años enmarcando la bahía

    19 de Abril de 2016

    La simbólica barandilla de La Concha cumple un siglo de vida y sigue escondiendo algunas curiosidades para donostiarras y visitantes a lo largo de sus 270 metros de largo.

    Un total de 34 euros es lo que costó la barandilla de La Concha. 5.700 pesetas bastaron para crear el símbolo que ha enmarcado la ciudad durante los últimos 100 años. El arquitecto municipal de la época, Juan Rafael Alday (1879-1955), fue el encargado de diseñarla en el año 1910, aunque los 270 metros que tiene la barandilla no se inauguraron hasta 1916, cuando Alfonso XIII estrenó oficialmente todo el paseo de La Concha.

    La barandilla de La Concha sirvió para rematar una ciudad que vivía suBelle époque: desde que a finales del siglo XIX la reina María Cristina y su corte empezaron a veranear en Donostia, la ciudad se convirtió en destino turístico de la clase alta y, también, en refugio de nobles europeos que huían de la Gran Guerra. Para acogerlos, Donostia inició el siglo XX con la construcción de edificios elegantes y característicos como el palacio del Kursaal, el teatro Victoria Eugenia, el hotel María Cristina o el balneario de La Perla que se sumaron al Gran Casino. La barandilla de La Concha acompañó estas construcciones en 1916 y remató la postal turística que sigue explotando Donostia 100 años después, ya que continúa siendo uno de los elementos más admirados por los ciudadanos y los turistas.

    Un tramo, al revés

    En todo este tiempo, sin embargo, pocos son los que se han dado cuenta de una de las peculiaridades que tiene esta baranda. Todos los tramos están colocados hacia los viandantes, salvo uno que está mirando a la bahía: la flor que está colocada del revés se encuentra entre los dos relojes que están ubicados en el paseo.

    Construir la barandilla de 270 metros de largo diseñada por el arquitecto municipal Rafael Alday costó 5.700 pesetas de la época

    Pese a ser una imagen única, cada vez son más las joyerías, los comercios turísticos y las tiendas de arte que venden artículos con la barandilla de La Concha, ya que cualquiera puede hacerse con el diseño, debido a que no está patentado. Entre los productos más destacados que se comercializan con su forma se encuentran las figuras decorativas, los colgantes y pulseras, los cuadros, incluso los cabezales. La valla decorativa que bordea la bahía de Donostia se ha convertido también en el trofeo que se entrega en competiciones deportivas, ha sido imagen de cupones de la Once y se transforma cada año en el escenario perfecto para las bailarinas de ballet: a finales de abril, las alumnas de las distintas academias de baile realizan un espectáculo de danza clásica al aire libre, teniendo como apoyo la simbólica barandilla de La Concha.

    Este diseño ha llamado la atención de tantas personas que hasta la playa Sant Sebastià de Sitges tiene una barandilla con la misma imagen en su arenal a modo de homenaje a la ciudad con la que comparte nombre.

    Aunque se hayan podido hacer copias de la barandilla, las piezas originales, cuando se cambian, no se pueden ofrecer a nadie. La baranda está protegida por el Plan Especial de Protección del Patrimonio Urbanístico Construido (Peppuc) de Donostia. Aun así, tras los temporales que han solido arrancar algunos tramos, hay ciudadanos que han aprovechado para llevarse alguno a sus casas. Otros, incluso, han pedido permiso al Ayuntamiento para quedarse con los fragmentos de barandilla que no se podían utilizar, aunque se les ha denegado.

    Trabajo artesanal

    Desde su creación, la característica baranda se ha restaurado numerosas veces a causa de la oxidación o de los citados temporales que la castigan con frecuencia, pero es tan especial que su reconstrucción supone un trabajo manual. La pieza que se debe reparar se pone en un cajón de arena y, para crear el nuevo pedazo, se rellena con material de fundición. Finalmente, el trozo que no se va a utilizar se guarda en el Parque Móvil Municipal de Igara.